viernes, 28 de septiembre de 2007

Hoy amanecí extraña. Y no digo "extraño", que es diferente, porque cuando amanezco extraña me siento extrañísima. Es algo como el cadáver de una rara devorada por las ñáñaras. La extraña que yo soy despierta a bofetadas al señor que yo soy y lo obliga a seguirla. Van por la calle la Extraña, vestida como reina, actuando como tirana, y atrás el aturdido Señor-que-yo-soy sin despertar del todo. De pronto, para hacer las paces, la Extraña le invita un café a su convidado, y conversan. Pero como no se entienden ni se entenderán, se pone fúrica. Siempre es lo mismo. Y todo por algo muy simple: la Extraña se aburre, es pavorreala en el hastío. Aburrirse es el castigo que viene incesantemente por haber cumplido cuarenta años. La Extraña lo sabe, se abanica imperiosamente, llama a su cuerpo de mayates para que la posean con violencia, pero nada, nada, le desvanece el spleen. "Estoy vieja", se dice ante los espejos, que se estrellan cuando pasa. La extraña sabe que su malestar es transitorio, que durará treinta años más a lo sumo. Y mientras tanto escribe su blog...

jueves, 20 de septiembre de 2007

FRESSIA Y LAS VESTIDAS DE JUÁREZ

Me envía Alfredo Fressia un correo de líneas bellísimas que no puedo sino reproducir:


Pero todo generosidad tuya! La pobre Fressia tan alta, tan blanca, tan aérea, tan ida muchas veces, sí, pero hasta ahora ha sido avara con los travestis de Juárez, que merecen un poema (pero que tal vez sólo les dé acogida en un crónica). Mi querido Juanca, ya has visto que se necesita ser muy hombre para ser vestida en Juárez, donde las pasiones suelen acabar en tiroteo, y muy prudente, ser verdaderas Ulisas, Odiseas atentas a los mínimos movimientos en el rostro del mayate. Ulisas nuestras, tan marcadas por los achicados machos latinoamericanos, sólo ponen boquitas de corazón, mamar mejor que hablar, oh sí, porque saben que las verdades acaban en las orillas de las sábanas y en las manchas de amor, y son peligrosas. Y por eso se ponen blanquísimas y rubias lavadísimas, o ardidas, para ser gringas durante una noche, ser el otro, la Otra, la "del otro lado", como llaman los juarenses a la frontera, Ulisas nuestras, atadas al mástil para no entrar en palabras, esa sirena de las verdades fatales, mortales muchas veces. Oh sí, las de Zaragoza también, y yo y tú, y todos los que no tuvimos lugar (que no doliera) en el pecho oficial de Juárez (el héroe mal recordado y la ciudad).

Gracias, mi amado, por ponerme casi para iniciar este blog, el que rondará la cabeza de Salomé, pero no cortará la del Bautista. Te extraña,

Fressia(s) (salvaje)(s)

LA FELICIDAD Y OTRAS DEVASTACIONES

Me aconseja Juan Manuel Gómez que para este blog, además de la rabia, debería adornarme con unas cuantas plumas. ¡Plumas! ¡Claro que sí, Juanma, y también prometo recamarme de lentejuela! Que ya voy descubriendo que el ombloggismo es el camino virtual -que no virtuoso- del travestí moderno.

Eso me recuerda las visiones de Alfredo Fressia, el uruguayo de Sâo Paulo, poeta delicado, tan alto y tan blanco que parece que camina nimbado sobre nube, en plena levitación. Estuvo en Ciudad Juárez, y es tan buen poeta que hasta le pareció fascinante. "¡Esos travestis -nos decía emocionado-, altas como yo, tan pálidas y tan lúgubres y tan valientes, con esas boquitas de corazón!" Es verdad: hay siempre un punto de rojo incendio en cada vestida, un indicio de lumbre rouge que las va quemando. Pobre Alfredo, lo arrastramos por toda la ciudad de México, para que le quedara claro lo que decía Borges: que todos los mexicanos tenemos por dentro un guía de turistas. Un periplo que terminó ante la Cabeza de Juárez, que vimos descender como un ovni nacionalista entre la polvareda, y ante el cual, Alfredo sólo emitió un ruido entre asqueado y asombrado.

La Cabeza de Juárez está viendo lo queda del país, pintarrajeado como doña Carmen Romano. Pobre testigo sin sueño, al borde de una de las zonas más peligrosas de la ciudad, donde los vecinos, gente emprendedora, hace tianguis nocturnos para mercar todo tipo de armas. Le contamos a Alfredo que en el hueco de esa cabeza funcionó en los setentas uno de los centros de tortura de la guerra sucia, y que hoy se le puede visitar, tal vez para saber que adentro de la cabeza de la Patria no hay nada.

Ahí, a unos pasos del Prócer, sobre Zaragoza, se apuestan apenas oscurece, las vestidas más fulgurantes de la ciudad. Ahí se venden y ahí las matan. Ahí me dejaron por muerta a una amiga mía, Mariana de la Noche,que sobrevivió para ver cómo su cuerpo espléndido, que su trabajo le costó, se convertía otra vez en un muchacho famélico y lleno de cicatrices.

Pero Juárez qué puede hacer ante eso, pobre, si ahora se los disputan como la turba decimonónica que desenterró la pata de Santa Anna para arrastrarla por las calles.

Dejemos a esas vestidas y a esos asesinos, y abordemos temas conmovedores.

Aquí van los aforismos que me publicó Tierra Adentro en su último número y que forman parte de un volumen que aparecerá en Editorial Thélema en fechas próximas.

LA FELICIDAD Y OTRAS DEVASTACIONES


La felicidad se lava obsesivamente las manos como Lady Macbeth.

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El hombre feliz es un angustiado, un supersticioso que sigue los signos más pequeños, el guardián de su oro, culpígeno, avaro. Un hombrecito tenso, ansioso, muy cansado, con los nervios en punta y al borde del desfallecimiento. El hombre feliz es un pobre diablo.

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El hombre feliz es alguien que no pudo cumplir su sueño. Que se quedó a las puertas de su sueño.

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¿La imagen del hombre feliz? La fiera domesticada.

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¿La risa del hombre feliz? La que explota espontánea, casi idiota, y se disuelve encebollada, errática, sin convicción.

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¿La mirada del hombre feliz? El que mira de frente, alegremente vacío.

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El cuerpo del hombre feliz estuvo en el paraíso. Qué pena, de verdad, qué pena.

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Yo soy el hombre feliz.

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Cuida por tu bien que el amor eterno te dure poco.

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Pues el enamorado es una agónico que cree en le resurrección y muere lleno de fe.

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Encontrar un amor es un regalo de Dios/ Retener ese amor es un regalo del diablo.

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Tengo una amiga que amó intensamente a su marido, pero que en las tardes bajaba al metro a dejarse acariciar por desconocidos. Ella era feliz, pero su cuerpo, una perra, obedecía a un amo distinto.

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Se dice amor eterno cuando tememos que se nos muera a cada paso.

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El amor y la lucha libre se parecen en que son representaciones teatrales con un poco de sangre y uno que otro lesionado.

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El amor y el odio son siameses unidos por un órgano vital. No puede extirparse el bicho malo sin que el otro muera un poco también.

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El que besa es un caníbal en estado de gracia.

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El que besa ha encontrado la puerta del alma pero se demora a las puertas del cuerpo.

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Seríamos más humildes si en vez de preguntarnos la hora nos preguntaran cuál es nuestra hora.


(Tierra Adentro número 147, agosto-septiembre 2007)

miércoles, 19 de septiembre de 2007

LA IMPUDICIA

LA IMPUDICIA

La impudicia: he aquí una buena razón para comenzar.



Este modo de revolcarse con algún otro.



Un blog ...¿es un cuarto oscuro? ¿Es otra de las formas irresponsables de nuestra in-cultura?



Ahora entro a tientas, balbuceando, en esta especie de oscuridad.



Si existen maneras de encontrarse, ¿por qué elegir esta desenfrenada de no encontrarse?



No importa. El caso es que hay algo obsceno-volátil en exhibirse sin ser visto.



Y los diarios, a la verga. Mucho tiempo intenté uno, pero el diario está esperando a que te mueras. Es como los hijos de los que a la larga uno dice: este no se parece a mí. El diario es un testamento de sinceridad. A la verga la sinceridad.



Un blog, señores, que sirva para algo: que nos permita erigirnos en el héroe de nosotros mismos, que nos deje ser tan dulces y tan perras, tan ambiciosos y tan agónicos, tan descarados y tan elegantes como en nuestra "otra" escritura apenas nos permitimos ser.



Ahora procedo a levantar el telón.



Con ustedes, casi virgen, casi incendiada, casi genial:



YO



(aplausos, aplausos)